Será que te quise y ese es el problema, que ahora que no te quiero se me coge en el pecho lo que pudo haber sido y no fue.
Será que me prendiste el alma en llamas y ahora cuando te acercas la boca me sabe a cenizas.
Será que el recuerdo me sienta peor que el olvido y por eso evito los cristales, los espejos, cualquier reflejo de un pasado que arde entre las manos.
Será que ahora que no te quiero tengo el doble de amor entre los pies, y si no bailan con los tuyos, no sé dónde guardarlo, todo está al revés.
Será que Suárez me susurra que él también te recuerda.
Será que ahora que no te veo, imagino tu pelo en el chico que gira la esquina, tus ojos en quien me mira, tus labios en quien toma una cerveza en la mesa de la derecha, tu voz en quien recita en aquella avenida, la que nos vio nacer y morir en un beso, entre miles de versos.
Será que antes te quise, y ahora que no te quiero no sé qué hacer con el que late debajo de la piel.
Será que ahora que mi canción no lleva tu nombre no sé cómo pedirle que se calle, que deje de llamarte, de gritarte.
Será que no me hago a la idea de que la despedida nunca será de nuevo un abrazo-beso-abrazo-beso.
Será que ahora que mi brújula no marca tu sur, no sé encontrar el norte y estoy más perdida que cuando te quería.
Será que extraño la herida porque dolía y me hacía sentir viva.
No sé hasta que punto mi mente es capaz de perderse cuando la tinta toca el papel. Nunca he tenido las cosas demasiado claras y siempre he sabido que camino tomar. Paradojas. Vida plagada de sin sentidos y un fuerte desvarío mental. Si lees entre mis líneas comprenderás que la forma más fácil de llegarme al corazón es atravesarme el pecho con una daga de plata. Att: Un alma plagada de sueños. "Nulla dies sine linea."
sábado, 6 de febrero de 2016
sábado, 23 de enero de 2016
Ayer volví a caminar por las calles que significaban besarte.
Lo hice porque no me acostumbro a la idea de olvidarte.
A la sensación de que todas las veces que aquellas luces nos alumbraron los labios, quedaron atrás.
Que ahora solo existen un millar de recuerdos y no hay más.
No hay más paseos de tu mano sin rumbo fijo.
No hay más planes espontáneos que dan vida a este corazón descosido.
No hay más bailes cerca de tu ombligo.
No hay sonrisas que acrecenten mis latidos.
Ahora que todo esto está quedando enterrado, creo que me estoy dando cuenta de que realmente sabíamos que esto acabaría pasando.
Que el primer beso fue el inicio de la tormenta, pero que en algún momento dejaría de llover, que llegaría la escasez.
Hay amores de verano en busca de esa diversión que solo te pueden conceder otros labios.
Hay amores de invierno en busca del calor que te dan otros brazos.
Hay amores de otoño, que me recuerdan a eso de que un clavo saca a otro clavo, porque el otoño es la fecha de las hojas caídas, de las horas perdidas, de las muertes en vida.
Y hay amores de primavera que son como un huracán que arrasa con todo. Amores que se basan en correr y que los pies vayan dejando un camino de flores.
Amores de esos que se cuentan con pétalos que dicen "¿le quiero o no le quiero?" Ambos sabíamos el final de esta historia antes de que llegara.
Ambos sabíamos que lo nuestro venía con fecha de caducidad en el reverso.
Ambos sabíamos que empezar, sería el pasado de terminar, y el futuro sería olvidar.
Pero, aún así, olvidarte, ha vuelto a congelarme.
lunes, 18 de enero de 2016
sábado, 16 de enero de 2016
Lo he conseguido.
Lo he dejado atrás.
He dejado ese pesar que me hacía lamentar cada paso que daba, porque siempre sentía que era en falso y no avanzaba.
Lo he logrado, he escapado de sus garras como quien huye por el laberinto y al fin encuentra la salida.
He conseguido liberarme de mi creencia de que no existía la libertad.
De que yo ya no sería capaz, jamás, de salir a bailar bajo la lluvia, creerme tormenta y después secarme al sol.
He logrado descifrar el algoritmo que me permite escapar de la celda, de esta jaula de cristal que me permite ver pero no tocar.
He despertado de este coma más fuerte que nunca. Y ahora no hay quien me pare. Ahora soy yo quien le dice al siguiente que dispare, que le apunte al punto y final hecho con permanente en una carta que jamás voy a enviar. Ahora soy arma y juego a la ruleta rusa.
Ahora soy dominó y nunca me caigo.
Ahora soy parchís y me como el mundo.
Ahora soy ajedrez y grito jaque mate al pasado.
A todo el daño.
A quienes no creyeron que se pudiera continuar sin rey.
A quien me llamó reina y me quería quitar la corona de mi propia vida.
Hoy me alzo con la victoria en cualquier juego y bailo en el tablero.
Hoy lo hago porque sí, porque quiero, porque quien sigue y sigue, la consigue.
Y yo, lo conseguí, escapé de la prisión y hoy brilla en el cielo el sol.
domingo, 3 de enero de 2016
De pequeña...
De pequeña me daba miedo la soledad, temía verme en el camino sola, sin ir agarrada de la mano de alguien.
Recuerdo que si nadie me acompañaba, para mí no existían los planes.
Conforme fui creciendo, algo cambió.
Me aficioné a dar paseos solitarios en compañía de la música, de mirar a mi alrededor, de fijarme en los pequeños detalles.
En esa pareja de la plaza que atiende con alegría a sus clientes, en el hombre que pasea a su perro por la calle de siempre, en las flores salvajes que crecen entre las ruinas, donde nadie cree que pueda florecer tanta belleza.
Comencé a dejarme llevar por pensamientos, a evadirme en recuerdos.
Hice de esos paseos calma, sosiego.
Dicen que las personas cambiamos conforme pasa el tiempo, que evolucionamos, que puede ser a mejor o a peor, pero que lo hacemos.
Dicen que cada día se aprende algo nuevo, y no lo niego.
Cada año es una nueva lección, te da nuevos conocimientos.
Pero hay una cosa que, desde que tengo uso de conciencia, no ha cambiado.
Y es esto.
Lo de escribir.
El vicio incontrolable de soltar palabras al papel sin ton ni son.
Hay veces, que se escribe sin sentido y conforme pasa el tiempo, se cumple lo escrito.
Me gusta llenarme las manos de tinta, porque es una manera de contar incluso lo que yo no viví.
Es por eso, que de lo poco que me pido a mí misma este año y, como alguien me dijo una vez, es no dejar de escribir.