Era un idiota, de esos que te convierten en musa. De esos que te matan el corazón a base de latidos, pura ironía, contradicción, un sinsentido.
Era muy idiota, tan idiota, que creía que le quería y yo pensaba que llegaría a quererle.
Era tan sumamente idiota que se dejó enamorar por una de mis sonrisas, o eso me decía.
Entre otras cuantas cosas me dijo que era verdad, que tenía razón en eso de que era idiota, jodidamente idiota. Pero que era mi idiota, y que eso yo no podía cambiarlo.
Cayó en la redundancia de recordármelo todos los días y no sé, me cansé. Y le dije, que no, que no era mío. Que él era un pájaro libre y terminaría por irse, emigrar.
Y así fue, se fue. ¿O le eché?
Yo encontré mi refugio en una melodía barata, en un cuarto de sonrisa, en un tercio de caricias. En un risa repetida. En una pena conocida.
Libre de vacío.
Llena de ausencia.
Cayendo al abismo.
Haciéndolo de cabeza.
No sé hasta que punto mi mente es capaz de perderse cuando la tinta toca el papel. Nunca he tenido las cosas demasiado claras y siempre he sabido que camino tomar. Paradojas. Vida plagada de sin sentidos y un fuerte desvarío mental. Si lees entre mis líneas comprenderás que la forma más fácil de llegarme al corazón es atravesarme el pecho con una daga de plata. Att: Un alma plagada de sueños. "Nulla dies sine linea."
domingo, 2 de noviembre de 2014
Y así fue, se fue.
jueves, 23 de octubre de 2014
Forget it.
En mis oídos suena el continuo "forget it" de aquella canción cansada de sonar.
¿Pero cómo quieres que lo olvide? ¿Cómo quieres que te olvide?
Nunca pensé que echaría de menos esa interminable melodía que me regalaba tu sonrisa todos los días.
Quién me iba a decir que esto acabaría. Que me quedaría más rota, con menos cicatrices y más heridas abiertas en canal. Cómo diablos iba a suponer yo que me aliñarías el daño con sal en vez de curarme con dulces besos.
Cómo cojones iba a ponerme a pensar en el hecho de que algún día volvería a caminar sola, que no me sentiría sola sino que lo estaría. Perdida en un mundo perdido buscando mi pérdida favorita, es decir, tú. Como si esto fuera un cuento. Como si tú fueras el malo y yo más mala aún.
Como si realmente, mañana despertara y nada de esto hubiese ocurrido. Despertar en tu vida, ver la tierra desde tu cama, volar por el cielo, por tu cielo. Ser pájaro en invierno. Emigrar a tu pecho. Convertirlo en mi lecho.
Desear haberlo hecho. Haberme dado la vuelta en aquella tarde de Abril, haberte estrechado las manos, rodeado con los brazos y decirte que...para mí no hay primavera que valga si no me coges de las caderas, me llevas hasta a ti y haces de mis días el mejor lugar para vivir.
Me muero por que estés aquí.
domingo, 12 de octubre de 2014
Hay que ver, el amor.
Yo, que me valgo de la redundancia cuando no encuentro el término exacto para expresar lo que quiero quererte y decirte que te quiero, Amor.
Que me ahogo entre metáforas, entre flechas de cupido que por muy bonito que suene, siguen siendo flechas y no tiene porque siempre dar en el punto exacto.
Yo, que intento dejarme llevar por la corriente de seguirte la corriente y también soy incapaz.
Que me ha dado por volar, y que me he llevado tu corazón en la boca para suplantar el hecho de que el mío se ha perdido.
Que lo dejé caer desde la nube más alta, y al parecer, no se ha hecho ningún rasguño.
Que es duro, más que la piedra.
Que es fuerte, más de lo que lo soy yo.
Hay que ver, Amor.
Hay que ver, como sientas.
Hay que ver como cambias, como revives, como matas, como aciertas.
"Y ahora sé que el día que yo me muera, me tumbaré sobre la arena y que me lleve lejos cuando suba la marea."
sábado, 20 de septiembre de 2014
¿Qué haré cuando lleve 499 noches?
Y me he quedado anclada en este laberinto con salida hacia tu pelo.
Me he paralizado en el río que desemboca en tus ojos.
He muerto en la tumba que crea tu sonrisa.
Y no me encuentro.
Tengo una pistola cargada en la mano derecha apuntando a mi cabeza, y sólo me queda una bala con la palabra "huida" grabada.
La ausencia me está tentando a apretar el gatillo y mis manos sólo saben decir adiós sin mover ni un sólo dedo.
Tengo sobre mí un hacha colgado y yo soy mi propio verdugo.
La cuerda está tirante en mi cuello y me da miedo saltar al vacío.
Dicen que el precipicio debe tener un final, estoy temiendo llegar.
Y que curioso que cuanto más alto vuelo, más miedo le cojo a volar, caer y no saber hacer aterrizajes de emergencia sobre aquel lunar.